Entre memoria, cultura y valores compartidos

La Rochelle y Quebec, una larga historia

Situados uno frente al otro sobre el paralelo 46 y separados por el océano Atlántico, la ciudad de Quebec y la ciudad de La Rochelle están unidas por una larga historia: desde los primeros colonos hasta las Francofolies, esa historia se ha tejido con lazos de amistad, intercambio y cooperación. ¡Volvamos a las raíces!

La Rochelle

El puerto canadiense del Reino de Francia

En 1608, Samuel de Champlain, originario de Brouage, a pocas millas de La Rochelle, remonta el río San Lorenzo y funda un puesto comercial que se convertirá en la ciudad de Quebec. Los marineros de La Rochelle conocen bien esos mares, a los que parten en largas campañas de pesca de bacalao, alrededor de los bancos de Terranova.

Desde 1629, la Compañía de la Nueva Francia (llamada tambien de los Cien accionistas), impulsada por Richelieu (el mismo que sometió a La Rochelle), recibe la misión de poblar Nueva Francia a cambio del monopolio del comercio de pieles y pelletería.

La Rochelle se impone como el puerto canadiense de la fachada atlántica: exporta herramientas, ropa, armas, vajilla, sal, vinos, aguardientes, harina, y transporta equipos y tropas militares.

Atraídos por este tráfico regular, los migrantes se agolpan en el Puerto Viejo: se embarcan en busca de aventura, para huir de la pobreza o ganar el favor real. Marineros, hijas del Rey, comerciantes, artesanos o exconvictos, muchos llegando de los territorios de Aunis y Saintonge y de las provincias pobres del reino, parten a poblar Nueva Francia, tras una última oración en la iglesia de Saint-Sauveur.

Durante más de un siglo, los barcos parten cargados de almas y sueños, y regresan a La Rochelle llenos de pieles y cueros que se venden a precio de oro, restaurando la riqueza de la ciudad oceánica, dañada tras el sitio de 1628.

¿Adoquines canadienses en la calle de l’Escale?

¡Una leyenda urbana! Los barcos que regresaban de Quebec cargados de pieles y cueros, demasiado ligeros, debían ser lastrados con piedras para mantener su estabilidad. La memoria colectiva ha perpetuado la idea de que algunas calles de La Rochelle están adoquinadas con piedras extraídas del río San Lorenzo. Aunque la ciencia ha puesto en duda esta leyenda, sigue estando… ¡muy presente en las calles de La Rochelle!

Una vínculo siempre vivo y tangible

Una historia y unos valores compartidos

Lo que une a La Rochelle con la provincia de Quebec, mucho más allá de la Historia, es la resonancia de valores compartidos a ambos lados del océano:

Un idioma común: los quebequenses están profundamente comprometidos con la francofonía, que protegen frente a las influencias anglófonas.

Se dice de La Rochelle que es una ciudad bonita y rebelde, y de Quebec, se dice que ¡no olvida! La libertad y la independencia que marcaron la historia de La Rochelle también son firmemente reivindicadas por Quebec, que, como un irreductible pueblo, resiste una y otra vez al invasor… anglófono.

La hospitalidad y la apertura de un país y una ciudad orientados hacia el horizonte y el intercambio.

El apego al patrimonio cultural y humano, tanto material como inmaterial, que garantiza una memoria viva transmitida más allá de los océanos.

Un vínculo mantenido y vivo

Quebec y La Rochelle siguen navegando juntos. El vínculo de la memoria se concretó oficialmente en 1984 con un hermanamiento, que marcó la voluntad mutua de comprometerse en una asociación sólida y activa.

Las célebres Francofolies de La Rochelle encontraron su eco en el festival de los Francos de Montreal: ambos celebran, a uno y otro lado del Atlántico, la canción francófona…

Incluso algunas empresas o direcciones muy conocidas de La Rochelle se han lanzado a la aventura en la Belle Province.

🗨️ ¡Muy listo será el que sabrá de qué lado del Atlántico te encuentras si le dices que vas a tomar una copa en Les Enfants du Rock después de un concierto de las Francofolies!

Las ciudades hermanadas continúan con numerosos intercambios culturales, científicos y universitarios, y mantienen vivo su patrimonio común.

Así, en 2025, dos artistas en residencia en la Maison des écritures (parque Delmas) siguen los pasos de las pioneras: Sarah Clément-Colas, cineasta francesa originaria de La Rochelle, y Annick Lefebvre, dramaturga quebequense. Juntas componen un cuaderno de retratos, relatos entre ficción y realidad, que hará revivir a esas mujeres de la región que partieron a poblar Nueva Francia.

¿Dónde ver y vivir la historia de Quebec en La Rochelle?

Más allá de los relatos, la memoria del vínculo franco-quebequense está inscrita en las calles, las piedras y los paisajes de La Rochelle. Al seguir el Recorrido Quebec, se descubren lugares emblemáticos que narran, cada uno a su manera, la epopeya de los pioneros de la Nueva Francia.

Seguir el Recorrido Quebec

El Recorrido Quebec te lleva tras las huellas que este pasado común ha dejado en la arquitectura y las calles de La Rochelle. A lo largo de las calles cuyos nombres evocan a quienes construyeron este fuerte vínculo, las casas, fachadas y letreros dan testimonio de las relaciones comerciales y humanas que marcaron a La Rochelle.

La provincia y ciuadad de Quebec siguen grabados en la memoria arquitectónica de La Rochelle, desde la tienda de François Perron hasta la iglesia L'Oratoire, desde el Museo de Historia Natural hasta el Hotel de la Bourse, pero también en los municipios de Esnandes, Aytré, Périgny o Saint-Xandre…

En el puerto y el casco viejo

El Puerto Viejo: punto de partida histórico de los barcos hacia Nueva Francia; la imagen de las torres Saint-Nicolas y de la Chaîne era el último recuerdo de Francia para los migrantes.

La iglesia de Saint-Sauveur: durante mucho tiempo parroquia de marineros, vio pasar a numerosos colonos y conserva una capilla dedicada a François de Laval, primer obispo de Quebec.

El Ayuntamiento: sus esculturas y escudos de armas evocan el poder mercantil de La Rochelle y su papel en las expediciones atlánticas.

El letrero “Aux plombs du Canada” (calle de la Ferté): vestigio de un comercio esencial con las colonias.

Museos y lugares de memoria

El Museo del Nuevo Mundo (calle Fleuriau): imprescindible para comprender los intercambios entre La Rochelle y las Américas, con una rica colección sobre la Nueva Francia.

La Capilla Fromentin: antiguo colegio de los jesuitas, desde donde partieron numerosos misioneros hacia Canadá.

El Hôtel de la Bourse: elegante edificio decorado por el escultor quebequense Pierre-Noël Levasseur, testigo de las redes comerciales del siglo XVIII.

 

Dans la cour de l’Hôtel de la Bourse, on peut admirer des poupes de navires, et des trophées de Levasseur, sculpteur de l’arsenal à Rochefort.

En los parques y jardines

El Jardin des Cousins (Jardín de los primos) en el Parque Charruyer: plantado en 2008 con arces, cedros y álamos del Quebec, en homenaje a las familias que partieron a poblar la Nueva Francia.

En busca de los orígenes

En 2008, la plantación de una docena de especies de árboles provenientes de Quebec (cedro rojo, arce, álamo gris, acacia de tres espinas...) conmemoró la memoria de las 450 familias fundadoras de Poitou-Charentes. ¡Aún hoy, el 60 % de los quebequenses tienen sus orígenes en Charente-Maritime!

Temático

Escrito por

Nathalie Maynadier